La historia de un ramen maravilloso comienza en un día que ha salido tan expontaneo como precioso.
Hacía años que no cogía un libro y ese ha sido mi equipaje hoy: Un tren al centro de Madrid, un libro, una botella de agua y muchas ganas de reconquistarme y volverme a enamorar de mi mismo, de Madrid no hacía falta, cada día me impresiona más.
Después de 40 paginas he salido en Sol y con las manos en los bolsillos he caminado hacia ese lugar de Madrid, que sin tener nada, me lo da todo. El templo de Debod. Música en directo, sol, manga corta, ropa para ensuciar y un césped de dudosa calidad.
Caña con los papis, que andaban por Madrid y el deseo de explicarles que la soledad de hoy era elegida.
He comido bajo recomendación en Kuraya un ramen maravilloso y al salir, me he perdido por Madrid. Literalmente.
Sin reloj, sin notificaciones, sin rumbo, sin prisas. He caminado mucho, he respirado mucho, en resumen, he disfrutado mucho.
Volveré a hacerlo, a elegir caminar sólo, a enamorarme de mis pensamientos, de mi seguridad, de mis necesidades más básicas y que hipotequé porque quise.
Mañana volverá a ser un lunes duro, pero si algo me persigue en todo momento, es que ya queda un día menos.
Estamos cerca Jor, estamos fuertes, lo estás haciendo bien, CabezaCorazonyCojones.