Esto es para mí, yo que, cuando mis pensamientos retumban en mi mente, sientes que hay algo que falta.
Es cierto que las personas estamos configuradas para buscar nuestra otra mitad. Es fisiológico. Las necesidades sexuales nos impulsan. Es psicológico. El enamoramiento nos sume en un estado de felicidad incontrolable.
Quizá has tenido alguna vez la sensación de que cuando estás solo no eres cien por cien feliz ¿pero sabes? Lo que te hace infeliz es que aún no te has dado cuenta de que estás equivocado.
Hace poco me dijeron que si eres capaz de, aunque sea por un instante, apenas unas décimas de segundo, sentir que no importa nada más que ese mismo instante, es que has sentido la felicidad plena. Aunque aún no lo sepas.
Párate un momento y piensa. ¿A qué recuerdas algo así? Incluso en la ocasión más inesperada, ahí ha estado.
En unas cañas.
En un atardecer.
Un libro.
Tomar el sol en marzo.
Escuchar tu canción preferida.
En medio de una clase de crossfit.
En ese examen aprobado. Y con nota.
En la mirada amable de un desconocido.
En las coincidencias. Porque las casualidades son las cicatrices del destino.
En la oportuna broma de tu amigo cuando solo te apetece llorar, y que te arranca unas risas. Sinceras. Puras.