El historial de cosas malas que han podido pasar en la vida, siempre es infinitamente superior a las cosas que nunca han pasado.
No se cuándo publicaré ésto.
Ni siquiera se si lo publicaré.
Lo que si se, es que tengo/tenía mucho miedo. El miedo es tan libre, que se vuelve hasta caprichoso.
Tengo el total convencimiento de que todo va a salir bien.
Pero tengo un miedo horrible a esas horas en las que las situaciones no estarán en mi mano. No podré controlarlas.
Miedo al desconocimiento.
Nadie, absolutamente nadie sabe todo lo que has vivido estos años. Pero nadie, absolutamente nadie sabe los cojones que hay que echarle a la vida para entrar a un quirófano.
Para cuando despiertes, todo seguirá en el mismo punto en el que lo dejaste. Los corazones volverán a latir, las respiraciones volveran a ser pausadas, las sonrisas volverán a ser de alegría y no de nerviosismo.
Tendrás frío pero ya habrá pasado lo peor.
Y contaremos los días.
Los días para vivir, para beber vino, para ver la playa sin miedo a recaídas, para no cancelar planes por el dolor.
Y seguir escribiendo el cuento.
Un cuento de páginas indeterminadas al cual, le siguen cogiendo muchas líneas que escribir.
Pero sobre todo a darte las gracias, porque creo que he sido siempre la persona que te ha dicho tantas veces que #aquinoserindenadie pero tu has sido la que te lo has cogido por bandera y has hecho de esas palabras, tu lema.
Ya es momento de dejar la lanza, el escudo, el casco y la armadura y dejar de ser la mejor guerrera que cualquier ejército habría imaginado.
Es momento de recordar las batallas solo cuando lo leas en tu pierna.
Te quiero mi chica de la puerta.
Pd.- El sábado te subo pizza, te lo juro.
