Los días que más te apetece escribir son los días que debes abrir el cuaderno de las notas que nunca quieres que lea nadie y que morirán tarde o temprano en algún backup no completado.
No se si es algo bueno o malo, pero me conozco demasiado y sé que cuando pierdo la pasión por algo, tarde o temprano, acabaré abandonando. Al contrario pasa igual. Lo que me provoca pasión, podrá provocarme días de mierda, días de falta de motivación y días de "el aire de la calle a mi me sabe a goma fresca" a todo volumen. Pero estará conmigo hasta que ya no pueda más.
Lo importante es seguir abriendo frentes, dominarlos y hacerte cargo de ellos.
Me cuesta demasiado cerrar puertas, pero no me preocupa, porque la vida ya me lo va explicando día a día.
Se escucha un "papá" en la habitación de al lado y se para el mundo. Me acerco, intento dar algo de calma pero el sol ya se ha adentrado en sus ojos cristalinos. Quiere contarme todo lo que no ha podido en estas dos últimas horas de siesta. La habitación está a oscuras y mientras fabula con escuchas de los reyes magos, le sonríes porque en el fondo todo está bien. Pero tus ojos se ponen tan brillantes como después de un bostezo. Él sólo quiere ver dibujos a mi lado mientras trabajo. Yo solo quiero que se ponga de pie, me agarre del cuello y suba sus piernas como si fuera un Koala. Abuso diariamente de él, le doy abrazos desmedidos que me cargan energía como un litio a 24W. Le doy besos hasta que se ríe y le digo: "cuando quieras paro".
Cinco años casi ya desde que actualicé mi estado por una frase que se cumple diariamente: "Desde que te conozco, duermo menos, pero sonrío más".
El problema de estos días es que ciertas frases se mezclan con otras. Las que me avergüenzan escribir contra las que quiero que el mundo sepa. Es una lucha constante.
Cada uno hacemos nuestras terapias. Esta es una de las mías. Hay otras muchas. No soy una máquina perfecta. Pido disculpas.