Hay que asumir. A veces no queda más remedio que asumir, te guste lo que pase o no.
Asumir no siempre es bueno. En la vida de algunas personas, como en mi caso actualmente, asumes que te vas a levantar con miedo, que el día pasa sumido entre cuatro paredes esperando que lleguen los dos o tres momentos mágicos en el que un agudo tono de voz revoluciona mi cerebro. En esos ratos estoy a salvo.
Asumes que un porcentaje elevado de veces que hablas con tu madre, lo haces llorando y con pocas palabras para poder respirar entre una y otra.
Asumes que puede llegar en día en el que no pases la noche en casa.
Asumes, con casi 38 años que, ésto no es un suspenso, una cobra de la chica que te gusta. Es una vida por la que has apostado, que se supone que ganarás dinero, pero de momento vas perdiendo la apuesta jugada tras jugada.
Asumes que cada día queda un día menos de sufrimiento, de miedo, de estar callado, de ser sumiso, de disfrutar de tu única libertad fuera de casa.
Pero eh, lo asumes porque vivimos en un país dónde el hombre es un delincuente con etiqueta de presidiario, porque las personas se convierten en otras personas a las que miras y miras y miras...
Y asumes, por último, que cada decisión importante que he tomado en mis últimos 16 años de vida, no ha sido, ni libre, ni acertada. Salvo una, mi hijo, que nació un titán. Mi hijo, que como cualquier padre diría, daría mi vida por él, pero como pocas personas pueden decir, cambié todas mis malas praxis, para convertirme en una persona vital, con salud que tiene suficiente valor, para levantarse cada mañana, aunque haya personas que de verdad me quieren, que no entienden cómo lo hago, y sonreirle al mundo, por qué tú mierda de mundo, no tiene porqué pagarlo el resto.
Y para el resto, la poesía de KaseO, que dice aquello de: "De lo que ves, créete la mitad. De lo que no ves, no te creas nada"