Hubo un tiempo en que todo esto me parecía insoportable. La separación ha sido un golpe tan duro que, si alguien me preguntara hoy, no estoy seguro de que pudiera ser capaz de pasar por lo mismo. Pero no tengo dudas de lo que quiero ahora: seguir adelante. Ya no me cuestiono el porqué ni el cómo de lo vivido. Esa etapa la superé, y con ella, el vaivén de pensamientos. Hoy, lo único que me importa es cómo voy a seguir, cómo voy a caminar de aquí en adelante.
A veces me dicen que no debería borrar los recuerdos, que hubo momentos buenos. Y sí, sé que los hubo. Pero eso no significa que tenga que cargar con ellos para siempre, al menos no de la misma forma. Es curioso, porque cuando más claridad tengo sobre mi deseo de seguir adelante, más difícil se vuelve explicar cómo convivir con esos recuerdos sin que me pesen.
Mi hijo siempre será el ancla que me mantiene firme, mi razón de cada día. Por él, he luchado con uñas y dientes, y lo seguiré haciendo. Pero más allá de él, ahora soy yo el que debe aprender a liberarse de lo que duele. Quiero seguir adelante, pero no con la sombra de esos recuerdos asomándose en cada esquina. No con el peso de lo que fue, ni con el eco constante de lo que podría haber sido.
Y me he dado cuenta de algo: todo fluye, siempre lo ha hecho. A veces somos nosotros mismos los que levantamos las barreras que nos impiden avanzar, nos aferramos a lo que duele o a lo que ya no tiene sentido. Lo que estoy haciendo ahora es precisamente eso, derribar esas barreras. Porque el flujo de la vida está ahí, y si dejo que siga su curso, sé que las cosas encontrarán su lugar. Mi trabajo no es aferrarme al pasado, sino permitir que la vida siga su curso, dejar que todo fluya como debe ser.
No quiero borrar todo, pero tampoco quiero llevar conmigo más de lo necesario. Lo viví, lo enfrenté, y ahora toca soltar. Porque seguir adelante no es solo cuestión de pasar página, es aprender a escribir el próximo capítulo con espacio para algo nuevo, algo mejor. Y para eso, necesito despedirme de ciertas cosas.
Estoy en paz con lo que fue, pero también estoy decidido a dejarlo atrás. Los recuerdos buenos, esos se quedarán, los llevaré conmigo, sí, pero ya no quiero que se conviertan en cadenas. No quiero que me definan, ni que me limiten. Hay un mundo de posibilidades frente a mí, y lo mejor que puedo hacer es soltar lo que ya no suma, lo que me retiene en un lugar al que ya no pertenezco.
He aprendido que avanzar no es fácil, pero es necesario. Y, aunque en el proceso a veces sienta que el pasado me jala, lo importante es seguir mirando hacia adelante. Todo fluye, solo hay que quitar las barreras que lo frenan. No voy a permitir que los recuerdos dicten mi presente ni mi futuro. Hoy elijo caminar con más ligereza, cerrar puertas que ya no me llevan a ningún lado, y abrirme a lo que venga. Porque si algo tengo claro, es que, aunque el camino no esté del todo trazado, lo único que importa es seguir avanzando, y eso es justo lo que estoy haciendo.
