Pasos Entre El Polvo


El futuro siempre ha tenido esa pinta de canalla. Se cuela de puntillas cuando no miras, te roza con una mezcla de promesa y amenaza, y te deja preguntándote si lo que viene será mejor que lo que dejas atrás. Yo, que me conozco lo suficiente, sé que en mis pasos aún quedan huellas que preferiría borrar, momentos que, si pudiese, los dejaría en algún rincón oscuro, cubiertos de polvo y olvido. Pero esos pasos son míos, tan míos como la piel que llevo.

Y es curioso, porque mientras avanzo, siento que el futuro me guiña un ojo, como diciendo: "¿De verdad piensas que puedes escapar de lo que has sido?". Qué cabrón, pero tiene razón. No hay escapatoria. No hay borrador suficientemente grande como para tachar los días malos, las caídas o esos ratos en los que te preguntas quién demonios eres cuando nadie está mirando.

El truco, si es que lo hay, está en caminar como si nada. Como si cada cicatriz fuese un tatuaje que decidiste llevar con orgullo, aunque te duela. Porque, ¿qué sería de mí si no cargase con las locuras que cometí, las promesas rotas y las noches en las que el silencio era mi único compañero? El futuro me llama, pero yo no corro hacia él como si fuese un santo. No. Voy con la misma elegancia macarra que me define, con esa mezcla de ternura y cabreo que llevo puesta como una chaqueta vieja, pero que sigue siendo mi favorita.

Esos pasos que quiero olvidar, los que me llevaron por caminos torcidos, son los que me traen hasta aquí. No, no los quiero recordar, pero tampoco los borraré. Ellos saben más de mí que yo mismo. Saben dónde flaqueé, dónde me perdí y dónde me encontré de nuevo, aunque sea a trompicones.

Así que, querido futuro, aquí estoy. Te espero con los brazos abiertos, pero no te emociones. No llegaré como el héroe sin pasado que lo tiene todo resuelto. Llegaré con la mirada traviesa, un poco quemado por dentro, pero más sabio. Y si me ves sonriendo de lado, con un aire de "aquí voy otra vez", es porque he aprendido que no se puede olvidar lo que te ha moldeado.

¿Qué si tengo miedo? Claro. Pero me gusta demasiado la sensación de caminar sobre mis propios pasos, esos que no quiero recordar, pero que, al final del día, son los únicos que me llevan a donde debo estar.